
Cuando alguien muere, lloramos, pensamos en los buenos y malos momentos que pasamos con esa persona e incluso, los momentos que nunca compartimos, porque claro, también esta la muerte de aquellos a los que no viste mas que una vez y por obligación te ves parado rezando un padre nuestro a no sabes quien y por tu mente cruza un “ojala que el próximo no sea yo” y cuando levantas la cabeza, todo es confuso, gente dentro de una gélida habitación llorando sobre una caja que contiene el cuerpo de quien en vida fue, exclamando lo bueno que había sido y, aunque realmente era una mierda, no importa, ahora el finado se volvió repentinamente en un santo para el resto de asistentes y tu solo atinas a decir: ¡es una lástima, pero ahora esta en mejor vida! (frase cliché) y es que así sucederá cuando te toque morir también, habrá alguien que como yo (o tu), estará ahí solo porque es amigo de otro alguien y quizá alguna vez te vio. Y si bien, no siempre todo es lacrimógeno, pues por ejemplo, en Colombia se suele pasear a los muertos bailando y cantando por todo el barrio donde vivía, los llevan a las cantinas a beber con ellos e incluso le ponen mujeres alrededor para que le bailen (uno que otro Buena gente que quiere que su mejor amigo se vaya ganador al otro “lado”) y es que ellos quieren compartir con el lo que ellos consideran “La ultima juerga” (algo así como Jesús y su ultima cena) porque en muchas culturas, la muerte solo es la extensión de la vida, un ciclo eterno donde todos son felices y ajenos al dolor terrenal, y, aunque yo no comparto la misma idea, algunas veces las utopías nos dan esperanzas y es que fuera de todo contexto espiritual, esta ese pensamiento de la eterna felicidad que muchas veces anhelo alcanzar. Otro caso por ejemplo son los egipcios quienes solían extraer los órganos internos (evisceración) y Luego, la limpieza y purificación del cuerpo antes disecarlo. Se cubría de aceite y resinas, se envolvía en grandes tiras de lino, y por último se colocaba en un ataúd. Para terminar, solían embalsamar los órganos internos y se depositaban en la tumba dentro de jarros. Estas prácticas se realizaron durante más de 3000 años. A ellos, los enterraban juntos con sus siervos, animales (claro todos vivos menos el pendejo ese) Los entierros de los faraones era un rito muy especial, y por eso lo enterraban con sus bienes, y, una vez terminado éste, la pirámide se cerraba herméticamente para prevenir los robos. Claro, nunca falto un amigo de lo ajeno que se ingeniaba para robar las cosas que ahí dentro se guardaron (Bien merecido se lo tenían por tacaños y ególatras). , y no muy lejos tampoco en el Perú, encontramos a otros GRANDES ególatras como el señor de Sipán, quien fue enterrado con toda y su fortuna dentro (como si la fuese a usar estando muerto) y es que todo puede morir, menos la huachafería. Y aunque el “Reconocido” arqueólogo A.E.M. diga que las únicas huachaferías son estas líneas porque eso era parte de la cultura inca, sus creencias e idiosincrasia, Al diablo con todo eso pues eso se llamo y se llamara por siempre ridiculez! (sin contar que también era cómplice de un “homicida calificado” pues se ordeno enterrar VIVOS a sus pobres perros, empleados y otros, en resumen, Huachafo, ególatra y encima homicida ) pero bueno, la idea de estos ejemplos era demostrar que incluso hasta en la muerte, a la gente le gusta presumir de su poder y aunque están los pobres - pobres, los pobres con plata, los ricos sin plata y los ricos muy ricos. Todos al final caemos dentro del mismo hueco y a menos que alguno de ellos se mande a hacer un nicho en el cielo o como están haciendo ahora de congelarlos hasta no se cuando. Todos nos pudriremos bajo la misma tierra después de dar nuestro último respiro. Y bueno, no ajeno a todo esto esta también la celebración después de la muerte, por ejemplo hoy, 1 de noviembre “día de los muertos”, millones de personas se reunen en los cementerios a recordar a esos seres amados que se fueron mucho o poco tiempo atrás y cada uno celebra este día de una manera distinta. Algunos mas sobrios solo van a rezar y dejar flores, otros cantan alrededor del nicho, otros liban sentados en bancas movilizadas por ellos mismos o alquiladas en la puerta del cementerio que alberga a su(s) pariente(s). Y es que al final, ellos ya no están entre nosotros y lo único que podemos hacer es seguir viviendo pues lo bueno de todo esto es que nunca sabremos cuando nos tocara a nosotros ser enterrados y celebrados.
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